Y llegó la cuaresma...

Querido amigo;

El tiempo de Cuaresma (cuarenta días), es un tiempo litúrgico que para algunos significa varias cosas: "por fin llega la Semana Santa", "tiempo de penitencias y ayunos"... Estas dos suelen ser las que más predominan en el pensamiento de algunas personas.

La Cuaresma es más que todo esto: "Es el tiempo propio en el cual el creyente, hace más hincapié en reorientar u orientar su vida hacia Dios". Hay tres elementos propios dentro de este tiempo: ayuno, limosna y oración. A lo mejor, estas tres cosas nos pueden parecer "cosas de otros tiempos y anticuadas", inventadas por los curas y la Iglesia para fastidiar a la pobre gente. Tranquilo, que esto no es así. 

Jesús, el Señor, nos propone vivir estas tres cosas de una manera muy simple, sencilla, y rica:

   1) ¿Qué ayunar? Muy simple, apartar aquellas cosas que nos impiden acercarnos a Dios.   2) ¿Qué orar? Sencillo, dedicar un tiempo de oración a Jesús. ¿Cómo? Leyendo el Evangelio de      cada día y meditarlo (aunque sea 10 minutos como mínimo).   3) ¿Qué limosna? La mejor de todas, prestar ayuda al que nos necesita, al prójimo.

Ahora cambia la historia, ¿verdad? Pues si es tan sencillo, ¿a qué estás esperando? Pero somo ya nos conocemos, nos proponemos mucho y hacemos poco, y de eso, poco, perdonadme la expresión: "ná de ná". Te presento ahora los tres enemigos contra cada una de esas tres cosas, que nos roban la entrega generosa al Señor: 

   1) Contra el ayuno está la pereza. Para qué dejar esto, si se está tan a gusto, con lo bonita que es la vida... Como siempre, lo que cuesta requiere esfuerzo. Pero somos a veces tan flojos... Por lo tanto, fortaleza y esfuerzo para combatirla.   2) Contra la oración está la dispersión. No tengo tiempo ni de rezar, ni de ir a la Eucaristía... Para Dios no hay tiempo, pero para mí, si que lo hay. "Pero, es que cuesta concentrarse y estar en silencio". Cierto, habrá que ver qué me está impidiendo orar para ayunar de eso. Por lo tanto, constancia y paciencia. Dicen que estas dos señoras son muy buenas.   3) Contra la limosna está el egoísmo. ¿Os acordáis de esto en clase de lengua? yo, mi, me, conmigo. La limosna nos hace salir de nosotros mismos, nos hace más libres. Por lo tanto, tú, ti, te, contigo.

Nada más, ahora nos toca pararnos, fijar el objetivo hacia donde queremos caminar, y a luchar. Pero ojo, ya tenemos el avión montado. Para que vuele es necesario el combustible. Y nuestro combustible es la gracia de Dios. Si Él no nos empuja, nos va a costar la misma vida. Ánimo y "palante".

Buenas noches nos de Dios